Adicciones

Lo primero que usted debe saber es que...

El programa de Sanación de la Fundación Hoffmann Salud Integral parte de un abordaje holístico de la condición humana y de un enfoque sistémico interdisciplinario. El equipo está integrado por profesionales de la salud capacitados en diversas especialidades que se integran y complementan, a saber: Medicina Holística, Terapias Complementarias, Psicología Clínica, Terapia Psicocorporal, Renacimiento, Psicoterapia individual y grupal, Gestalt, Yoga, Taichí, Meditación, Entrenamiento Aeróbico y Terapia Ocupacional fundamentalmente.

Consideramos que nuestra experiencia de vida es una oportunidad para evolucionar espiritualmente. Cada uno de nosotros vive exactamente en las condiciones apropiadas para su propia superación y crecimiento. La experiencias que se nos presentan son las que nos corresponden para poder realizar los aprendizajes precisos que nos ayuden a evolucionar. Sean agradables o no, nos gusten o no; eso no es lo relevante. Todas nuestras experiencias son son valiosas y necesarias; llámense enfermedades, pérdidas, logros o realizaciones.

Cuando nos sentimos bien, tenemos éxito en el trabajo y estamos bien remunerados, por lo general pensamos que lo estamos haciendo muy bien y no necesitamos ayuda de ningún tipo. Cuando tenemos problemas con otros, como la pareja, los hijos, el jefe, los hermanos, por lo general pensamos que son ellos quienes necesitan ayuda. Y cuando ya no nos sentimos muy bien que digamos, en la sociedad consumista encontramos un sin número de experiencias placenteras con las cuales entretenernos. De no ser suficientes, disponemos también de una cantidad de medicamentos y drogas con las cuales aliviar cualquier síntoma desagradable, como el estrés, la ansiedad, o para aburrimiento. De esta manera vamos acostumbrándonos a los arreglos rápidos y al encubrimiento de nuestros estados anímicos en vez de buscar soluciones reales a los problemas de fondo y a los conflictos existenciales. Aprendemos a evadir, a mentir y a esconder lo que pudiese no ser aprobable o conveniente acerca de nosotros mismos. Así que cuando nos sentimos mal, no tenemos a veces ni la más mínima idea que detrás de los síntomas de enfermedad se esconden la infelicidad, la carencia afectiva, el vació existencial, la soledad, la incomprensión, la frustración, la rabia, etc. El no sentirnos bien es una guía, el sentir dolor es una señal; los olvidos, los accidentes, los conflictos recurrentes, las “casualidades”, también los son. Así como el mal manejo de las apetencias y de los deseos; son señales que anuncian el desarrollo de patrones de conductas no saludables y consumos adictivos, que si no son atendidos oportunamente y sometidos al control consciente desencadenan en enfermedades.

A todos nos cuesta vivir, a todos nos cuesta aprender y ambas son cuestión de ensayo y error. Venimos al mundo sin un manual de instrucciones que nos guíe a conservar la salud, a convertirnos en personas o a convivir satisfactoriamente como padres o esposos. Solemos vivir situaciones que no entendemos ni con un buen maestro; y en otras ocasiones tenemos que repetir las materias una o más veces hasta que… al fin comprendemos. Luego, todavía nos faltarían muchos conocimientos por aprender y memorizar, y desarrollar una serie de fortalezas, destrezas y habilidades. Sin duda, que ante las dificultades que se nos presentan, nos toca pagar un alto precio para llegar a discernir entre lo que nos hace bien y los que nos hace mal. Ese precio, en muchos casos es la enfermedad.

Cuando nos encontramos en esa condición, el primer paso es tomar conciencia de que tenemos un problema. El segundo paso, es decidir hacer algo al respecto. Suponemos que quien acude en busca de nuestra ayuda ha intentado otros procedimientos con anterioridad que posiblemente no le hayan brindado los resultados esperados. Sabemos que existen muchos tratamientos que nos brindan soluciones paliativas o temporales, que atienden los síntomas y los efectos más no las causas. Por lo tanto, nos hemos acostumbrado a vivir enfermos pero con la ilusión de que estamos bien gracias a los medicamentos que nos mantienen controlados. Sin embargo, enhorabuena, cuando sentimos que nuestra vida se está tornando inmanejable y que no podemos seguir viviendo de esta manera. Estamos listos para buscar ayuda real, porque llegamos al punto en el que experimentamos una verdadera CRISIS.

Quien ha llegado hasta allí, seguramente que siente la necesidad de encontrar soluciones más definitivas y operativas que le provean de instrumentos para manejar su vida de una manera más satisfactoria. Necesita de una atención Holística que lo apoye de manera integral, que fortalezca el físico, que sane sus estados emocionales, que le ayude a cambiar las creencias insanas y minusvalidantes y que tome en cuenta sus necesidades espirituales. Un tratamiento que sea curativo y a la vez sanador, que lo haga sentirse mejor pero que también lo capacite para resolver los asuntos que le hacen sentir mal.

La manera como nosotros abordamos la CRISIS comienza por aislar a los individuos del medio en el que se enfermaron; ese hábitat lo llamamos ENFERMADERO. Presuponemos que su ambiente laboral y familiar le provee de una serie de estímulos nocivos en medio de los cuales no puede haber sanación. La sanación ocurre a través de un proceso de cambios, que requieren de una actitud proactiva, autogestiva, de avance gradual y sostenido hacia la adquisición de una mayor responsabilidad para con la gestión de nuestra propia vida y salud. La recuperación es un proceso individual que requiere de toda nuestra atención, concentración, inteligencia y fuerza interior. Para tal fin, debemos controlar el ambiente, los posibles estresores y todo elemento que pueda constituirse en un distractor o fuente de evasión. Esas condiciones terapéuticamente controladas las hemos creado en el Centro de Sanación de la Fundación Hoffmann Salud Integral, ubicado en la Hacienda la Concepción, en el estado Carabobo en Venezuela.
El aislamiento tiene como objetivo crear las condiciones idóneas para que usted tome consciencia de lo que le hace sentir bien y de lo que le hace mal. En el ambiente en el que nos encontremos existe todo lo necesario para que nos conectemos con la corriente de vida y bienestar. Jamás podremos lograr esa conexión mientras busquemos la felicidad fuera de nosotros. Aislarnos del mundo externo, de los acondicionamientos sociales y de la tecnología (de la TV, del periódico, de la radio, del consumismo y de los celulares, de los MP3, IPOD, y las computadoras) e incluso de las cargas laborales y las relaciones familiares o de pareja, es imprescindible para la reconexión con el Ser Interno.

Mientras no aprendamos a amarnos y a relacionarnos con nosotros mismos, toda relación con el mundo externo tiene una alta probabilidad de incurrir en dependencia y alienación. La mayoría de nosotros confundimos lo que es sentirse bien con “estar bien”. Por eso, con una recuperación parcial se considera que con las “pocas” fortalezas adquiridas y la fuerza de voluntad uno está en capacidad de evitar la recaída y en control de su vida. Esto no es más que una manifestación de negación y autoengaño. La realidad es que no sabemos lo que es estar en control y quizás nunca lo hayamos estado, así que cuando uno comience a enfrentarse a las situaciones estresantes, conflictivas y patológicas del medio en el que vivimos, para lograr y mantener el bienestar en nuestras vidas se necesitan muchos más recursos y habilidades de las que para ese momento poseemos.

Hace falta sanar las emociones y modificar las creencias limitantes, identificar las causas y cambiar las circunstancias que inciden en la enfermedad, al igual que implementar técnicas efectivas para el manejo de estrés y desarrollar fortaleza ante las adversidades. Lo que a fin de cuentas significa que se necesita cambiar el estilo de vida para erradicar los malos hábitos y sustituirlos por otros más saludables. Este proceso requiere de tiempo y dedicación, requiere de estar conscientes de la problemática y de lo que implican las soluciones, y en especial, amerita un involucramiento completo de los familiares más cercanos y de aquellos con quienes convive, ya que si no se crece en conjunto y se sanan las relaciones y los traumas pasados, las insatisfacciones que se seguirán generando en el medio familiar serán siempre una buena excusa para justificar la recaída.

Tomar consciencia de todo lo anterior puede llevar semanas, meses e incluso años. De hecho, algunos necesitan recaer una y otra vez hasta que reconocen su impotencia ante la enfermedad. Un proceso efectivo de rehabilitación debe lograr la autoconciencia, la madurez emocional, la independencia emocional y económica, en la medida que se adquieren responsabilidades consigo mismo y se alcanzan libertad y autonomía. El programa terapéutico de la Concepción, persigue además liberarnos de cualquier tipo de adicciones o conductas adictivas, ya que un adicto puede desarrollar cualquier adicción sustituta mientras que no trate la enfermedad y se fortalezca psicológica y espiritualmente. De igual forma, enseñamos un estilo de vida saludable para mejorar la calidad de vida y alcanzar la salud integral.

Metodología - Condiciones de Admisión

Para ser aceptado por el programa, el candidato a paciente debe ser sometido a una evaluación, médica, psicológica y de su condición socioeconómica, con el fin de determinar si cumple con el perfil de paciente que llena los requerimientos para ser atendido y ayudado por nuestra institución. Para lo cual, debe cumplir con algunos requisitos de orden personal y otros de orden familiar. Ya que la familia forma parte del enfermadero, su participación es vital y debe ser intervenida terapéuticamente también. Nuestro programa se va a sustentar en la participación activa y compromiso de los tres actores del proceso de sanación y rehabilitación: el paciente, la familia y la institución terapéutica. Seguidamente, se suscribe el convenio terapéutico entre las partes, una vez que cada una de ellas, se compromete a realizar las responsabilidades que son de su exclusiva competencia para el éxito final de la gestión.

Como en toda institución, existen reglas de orden institucional y reglas para la convivencia y el respeto mutuo, que deben ser acatadas por quienes aspiren a convivir en esta comunidad. Las cuales, se comunican con antelación al igual que los procedimientos, las prácticas y actividades. De igual forma, al ingresar adquiere unas condiciones de confinamiento en la institución, con un régimen de salidas, permisos, llamadas y visitas reglamentadas, así como restricciones en el uso de equipos electrónicos (Ipod, teléfono, Blackberry, computadora, etc.). Lo cual variará según la fase en la que se encuentre y lo méritos alcanzados.

Para la conducción de los procesos, contamos con un programa motivacional el cual contempla la necesidad de estimular los ACIERTOS “BUENAS ACCIONES” y de sancionar las FALLAS Y FALTAS según la gravedad de la conducta apreciada. Se consideran como FALLAS a las desviaciones de los objetivos programáticos que impedirían nuestro crecimiento y el logro de los objetivos personales. LAS FALTAS se interpretan como falta de seriedad y de compromiso para consigo mismo y para con el grupo; así como también, otras pueden ser ocasionadas por incumplimiento de LAS REGLAS BÁSICAS DE LA INSTITUCIÓN para cada Nivel, las cuales definitivamente transgreden LA CONFIANZA Y EL RESPETO HACIA PERSONAS Y LA INSTITUCIÓN. Estas, son sancionadas por la dirección de la institución y se agrupan según su magnitud.

Proceso de Recuperación

El proceso de RECUPERACIÓN comienza con LA ABSTINENCIA, pero aprender a vivir sin consumos compulsivos requiere mucho más que ABSTINENCIA. La TOTAL ABSTINENCIA es necesaria para la recuperación de una adicción ya que cualquier consumo mantiene activa a la enfermedad. La DESINTOXICACIÓN y la ABSTINENCIA por si solas, no son el tratamiento adecuado para la enfermedad adictiva aunque algunas personas “logran” vivir conteniendo la enfermedad y evitando el consumo. Pero como la personalidad del adicto es obsesiva y compulsiva esas características se expresan en otras áreas de sus vidas. Cuando dejan de consumir van de un extremo al otro, del consumo desenfrenado a la total abstención, y eso lo han logrado con un esfuerzo de la voluntad con rigidez e inflexibilidad de carácter, que no es más que otro rasgo de la personalidad obsesiva compulsiva porque sólo saben hacer las cosas yéndose a los extremos, para ellos no hay términos medios, “o todo o nada”.

Por supuesto que esto no refleja más que su pánico a recaer, porque reconocen su frágil debilidad y no saben manejarse, solo contenerse. El tema del control se convierte en un aspecto dramático y relevante en sus vidas. Por eso se convierten en fanáticos religiosos, trabajo-adictos, e incluso me atrevo a afirmar que los ascetas, los monjes, los “santos”, los mártires, y seguramente deportistas y los atletas y la mayoría de los triunfadores en cualquier área, poseen también personalidades de tipo adictivas que han encontrado una manera, socialmente aceptada y definitivamente menos injuriosas para el cuerpo de sacar constructivamente provecho de las “ventajas” de su personalidad. Aunque en realidad, no es más que otra manera de expresar la condición adictiva.

Obsesionados por unas fuertes creencias o ideales y por realizar compulsivamente con firmeza sus determinaciones, han sustituido una adicción fuerte de tipo destructivo por otra adicción de tipo constructivo. Han sustituido los placeres sensuales otorgados por la inconsciencia, por las satisfacciones que les brinda el alcanzar los logros que se proponen de manera consciente y constructiva.

Hay que aprender a disfrutar de la vida de una manera no adictiva –sin conductas compulsivas o evasivas y sin adicciones sustitutas-. Para llegar a la SOBRIEDAD mantenerla, se requiere mucho más que ABSTINENCIA. Los síntomas de la enfermedad adictiva no desaparecen con la ABSTINENCIA, por tanto hace falta un proceso de REHABILITACIÓN, el cual, no puede ser menor de 6 meses. En algunas instituciones es de hasta 2 años y comprende varias fases (esquema de Terence Goski). Caracterizado por:

  1. Ser un proceso de recuperación gradual en el cual se avanza alcanzando objetivos.
  2. Requerir del involucramiento y participación activa de la familia inmediata en la sanación.
  3. Perseguir el desarrollo integral del individuo y la adquisición de un estilo de vida saludable.
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